Juventud Cínica

Renton: la irrupción del joven cínico

Si algo caracteriza a “Trainspotting” como film emblemático de este fin de siglo es su capacidad de desconcertar al espectador, al adulto pero también al joven.

Cuando sentimos que nos estamos aferrando a algo, que estamos comprendiendo alguna cosa, ésta se difumina y se transforma abruptamente en su contrario.

En buena medida, es la actitud cínica de sus personajes jóvenes, no de todos por cierto, sino de su protagonista central Renton —los demás están ahí para contrastar con él, como portador de lo nuevo— la causante de ese desconcierto generalizado que recorre “Trainspotting”.

Los tópicos de lo que clásicamente se entiende com problemática juvenil aparecen salpicados por ese cinismo corrosivo: enganche-desenganche de la droga por obra del azar, padres que entienden poco y nada de la situación general y la de sus hijos en particular (Spud y sus excrementos en las sábanas, arrojados sin intención en el rostro de los padres  de su novia ante la insistencia ingenua de la madre en limpiarlas es todo un símbolo), relaciones afectivas tipo “new-age” irónicamente estereotipadas (abordaje de Renton a Diane en la discoteca), entrevista laboral en un juego burlón de “…esforzarse en conseguirlo (al trabajo) pero… no mucho“, condescendencia con el poder (“Gracias, señoría. Con la ayuda de Dios, venceré el mal…” responde Renton al juez que lo juzga por robo), sentido oportunista de la amistad y el compañerismo (“Y mientras miraba el video privado que poco antes le había robado a un buen amigo…”), chovinismo vuelto sobre sí mismo, a contrapelo del sentir de buena parte de la opinión pública europea (“¡Es una mierda ser escocés! ¡Somos lo peor! ¡La basura del mundo! La mierda más miserable y patética que alguna vez pobló la tierra…”).

Ese cinismo llega hasta el ensamblado de música e imagen en “Trainspotting”. Ahí está Renton con una sobredosis de heroína “pasado de mano en mano” por el traficante, el taxista, los médicos, finalmente sus padres; arrastrado por pisos y escaleras como bolsa de papas; tirado en la calle mientras desde la banda de sonido escuchamos “Perfect Day” de Lou Reed: “Es un día perfecto. Alimentando a los animales en el zoo y luego al cine. Y a casa después. Oh, qué día perfecto. Me alegra haberlo pasado contigo. Oh, qué día perfecto. Tú me mantienes en pie… Tú me mantienes en pie…

Todo lo supuestamente “trascendente”, lo que debería importarle a un joven actual es sistemáticamente condimentado con altas dosis de cinismo, alcanzando su máxima expresión en la concepción de vida, del futuro, en los vínculos que establece éste con la sociedad y el mundo que lo rodea.

 

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